En la parroquia Picaihua, los agricultores han mantenido viva una tradición que trasciende generaciones: la producción de harina de maíz negro, esencial para la colada morada, un platillo emblemático que rinde homenaje a los seres queridos en el Día de los Difuntos. Este proceso no solo es una actividad productiva, sino también un vínculo profundo con su identidad cultural y sus saberes ancestrales.
La cosecha del maíz negro, que se lleva a cabo con dedicación y respeto por la tierra, es un ritual en sí mismo. Los agricultores, con sus manos curtidas por el trabajo en el campo, seleccionan y recolectan las mazorcas que serán la base de su harina. Este maíz, conocido por su característico color oscuro y su sabor único, es valorado no solo por su importancia en la gastronomía local, sino también por su rol en la vida cotidiana de las familias de Picaihua.
Una vez cosechado, el maíz negro pasa por un cuidadoso proceso de poscosecha. Aquí, los agricultores aplican sus conocimientos ancestrales sobre el secado y almacenamiento, asegurando que el grano mantenga sus propiedades y su calidad. Parte de esta cosecha se destina a la producción de harina, que se convierte en colada morada, mientras que otra se reserva como semilla para la próxima siembra. Además, un porcentaje se destina a la alimentación de animales, cerrando así el ciclo de producción agrícola.
